.86.
Kima se quedó estática, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Al principio pensó que su sobrina estaba delirando; lo que había dicho no podía ser posible.
—Pero... Dios, ¿no Hugo estaba muerto? —preguntó, sorprendida por lo obvio. Todos conocían la trágica muerte del muchacho. Pero ahora, al parecer, todo había cambiado.
No estaba enterada de nada. O, como siempre, nadie le decía nada. Eso era lo que más le molestaba.
—Es una historia complicada, tía Kima —murmuró Sofía, intentando ca