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—No te preocupes, amor. Descansa —respondió Fernando con una sonrisa, dándole un casto beso en los labios. Después, se despidieron y cada uno fue a sus respectivas habitaciones. El azabache no estaba triste; al contrario, sentía que habían dado un buen paso adelante. Además, todo había salido bien con su suegro. Sabía que esperar por algo tan valioso como estar con Sofía valía la pena.
Sofía suspiró. Después, se dio una ducha mientras pensaba en si debía o no hacer lo que estaba considerando. S