Capítulo 9
En la otra habitación del hospital, el cielo iba oscureciendo tras la ventana y a Héctor lo atravesó una inquietud sin motivo.

Charlotte notó el cambio, bajó la mirada y, con los ojos rojos, se hizo la lastimosa:

—Héctor, ¿puedes quedarte conmigo esta noche? Tengo miedo. No me dejes sola, ¿sí?

Rompió en sollozos, pequeña y desvalida. Héctor estuvo a punto de decir que sí, pero le cruzó por la mente el rostro pálido de Cira Ferrera y sus ojos enrojecidos aguantando el llanto durante el secuestro.
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