En la otra habitación del hospital, el cielo iba oscureciendo tras la ventana y a Héctor lo atravesó una inquietud sin motivo.
Charlotte notó el cambio, bajó la mirada y, con los ojos rojos, se hizo la lastimosa:
—Héctor, ¿puedes quedarte conmigo esta noche? Tengo miedo. No me dejes sola, ¿sí?
Rompió en sollozos, pequeña y desvalida. Héctor estuvo a punto de decir que sí, pero le cruzó por la mente el rostro pálido de Cira Ferrera y sus ojos enrojecidos aguantando el llanto durante el secuestro.