Antes de que terminara de hablar, Héctor le apartó la mano de un tirón.
—Ahora mismo voy a buscar a Ciri. No me sigas complicando las cosas.
—Y escucha: cuando te den de alta, vuelve a tu casa. Y en cuanto se pueda, fijemos una fecha para ir al Registro a firmar el divorcio.
Dicho esto, bajó a toda carrera, tomó un taxi y pidió ir directo a casa.
En el trayecto, marcó una y otra vez el número de Cira. Siempre la misma grabación, impersonal: “El teléfono al que llama está apagado”.
Aun así, se af