Lo que él dijo dejó congelados a todos en la habitación.
Sus amigos se miraron entre sí, con la sorpresa y la impotencia pintadas en la cara.
—¿Estás loco, Héctor? —saltó uno—. ¿También vas a aceptar eso?
Héctor ignoró los reproches. Siguió clavado en la espalda de Cira.
—Ciri, acepté. Estoy dispuesto a esperar a que te cases con Nicolás… —hizo una pausa; las palabras parecieron escapársele a tirones— y a que te divorcies. Si con eso vuelves, voy a esperarte el tiempo que sea.
“¿Y toda esa ‘devo