La lluvia golpeaba con insistencia el techo de la cabaña que Aidan había elegido como su refugio temporal. El lugar no era especialmente cómodo, pero tenía algo que los demás no: privacidad. Lejos de oídos ajenos, lejos de las tensiones que se desbordaban en la aldea tras el anuncio de la ruptura de la barrera protectora.
Eira llegó envuelta en un manto oscuro, con el cabello aún húmedo y los ojos cansados. La habían estado buscando desde el amanecer para reuniones, entrenamientos, revisiones d