La noche se cernĂa sobre los bosques como un manto denso y pesado. Eira caminaba a travĂ©s del sendero de piedras antiguas, acompañada solo por el murmullo del viento entre los árboles. Desde su encuentro con el anciano del Lago del Silencio, algo en su interior habĂa comenzado a cambiar. Una parte de su maldiciĂłn, antes dormida, ahora susurraba con voz propia.
Las marcas en su piel ardĂan en patrones irregulares, como si respondieran a una fuerza que aĂşn no comprendĂa del todo. Aidan la seguĂa