La brisa que corrĂa entre los ĂĄrboles parecĂa distinta aquella noche. MĂĄs densa. MĂĄs cargada. Como si los secretos del bosque finalmente hubieran decidido abandonar su escondite y danzar alrededor de Eira mientras avanzaba.
Desde el dĂa en que el Consejo aceptĂł su permanencia, las cosas no habĂan sido del todo tranquilas. HabĂa respeto, sĂ, pero tambiĂ©n miradas que pesaban como juicios. Aidan, siempre su pilar, la acompañaba en cada entrenamiento, cada reuniĂłn y cada paso hacia lo que se avecin