Había noches en las que el viento parecía arrastrar susurros desde un tiempo que no le pertenecía. Y esa noche, el aire trajo algo más que frío. Mientras la protagonista se encontraba dormida, con el bebé acurrucado a su lado como un pequeño faro de calor, su mente volvió a abrir una grieta invisible... y cayó.
El cielo era púrpura. La luz, tenue. No era un sueño común. Era... otro tiempo.
Caminaba entre pasillos de piedra antigua, vestidos con hiedra y hojas doradas. Sus manos eran distintas,