El amanecer llegó sin que Valeria hubiera pegado un ojo. Había pasado toda la noche mirando el techo, el teléfono escondido bajo su almohada quemando como carbón ardiente, las palabras de Iván resonando en su mente como campanas fúnebres. 3 AM había llegado y pasado. La ventana de escape se había cerrado.
No había huido.
Pero tampoco había decidido quedarse. Simplemente se había congelado, paralizada entre dos opciones imposibles, hasta que el tiempo tomó la decisión por ella.
Ahora, mientras l