El dedo de Valeria se detuvo a milímetros del botón de llamada. Algo en esos mensajes no se sentía bien. La urgencia, el tiempo límite, la forma en que presionaban exactamente en sus puntos más vulnerables. Era demasiado conveniente, demasiado perfecto.
En lugar de llamar, decidió explorar el teléfono.
La lista de contactos era corta pero intrigante. Números sin nombres, solo códigos: "V-7", "Operación Norte", "Punto Ciego", "Entrega Nocturna". Este no era el teléfono personal de un guardia. Era