El día transcurrió en un silencio tenso que se extendía por toda el departamento como niebla tóxica. Valeria había permanecido en su habitación, mirando por la ventana sin ver realmente nada, una mano constantemente posada sobre su vientre como si pudiera proteger a su hijo del mundo que lo esperaba.
Cuando el sol comenzó a descender, pintando el cielo de naranjas y rojos que parecían sangre derramada, escuchó el sonido de pasos acercándose por el pasillo. Reconoció el ritmo inmediatamente. Alek