El penthouse de Iván Petrov estaba bañado en la luz azulada del amanecer cuando su teléfono sonó. Tomó el dispositivo sin prisa, una sonrisa fría curvando sus labios al ver el número.
—Dime —ordenó, dando un sorbo a su café negro como la medianoche.
—Yuri está muerto —informó la voz al otro lado—. Aleksandr lo ejecutó personalmente anoche. Frente a todos sus hombres... y frente a ella.
La sonrisa de Iván se amplió, transformándose en algo verdaderamente siniestro.
—Perfecto —murmuró, caminando h