El silencio en la habitación era tan denso que Valeria podía escuchar el latido de su propio corazón. Sentada al borde de la cama, observaba a Aleksandr mientras él se vestía con meticulosa precisión, abotonando su camisa negra sin dirigirle la mirada. Habían pasado tres días desde su última discusión, y aunque compartían la misma cama, el abismo entre ellos parecía ensancharse con cada hora.
—¿Vas a seguir sin hablarme? —preguntó ella finalmente, su voz apenas un susurro en la penumbra del aman