El sol se filtraba por las cortinas de seda cuando Valeria despertó. Extendió su mano hacia el lado de Aleksandr, pero solo encontró las sábanas frías. Se incorporó lentamente, acariciando su vientre que comenzaba a mostrar los primeros signos de su embarazo. Cinco meses. Cinco meses desde aquella noche en la fiesta clandestina que había cambiado su vida para siempre.
El penthouse permanecía en silencio, solo interrumpido por el ocasional murmullo de los guardias que patrullaban el perímetro. Va