El reloj marcaba las tres de la madrugada cuando Valeria despertó ahogando un grito. Su cuerpo empapado en sudor frío se incorporó de golpe en la cama, con la respiración entrecortada y el corazón martilleando contra su pecho como si quisiera escapar. A su lado, Aleksandr se despertó al instante, encendiendo la lámpara de la mesita de noche.
—Valeria, estoy aquí —susurró, intentando tocarla.
Ella se apartó instintivamente, con los ojos desorbitados, todavía atrapada en las garras de la pesadilla