El amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación cuando Valeria despertó. Aleksandr ya no estaba a su lado, pero podía escuchar su voz grave en el pasillo. Hablaba en ruso, con ese tono autoritario que reservaba para sus negocios. Ella se incorporó lentamente, acariciando su vientre que apenas comenzaba a mostrar los primeros signos de su embarazo.
Las últimas semanas habían sido una montaña rusa de emociones. Desde que Aleksandr la había reclamado como suya, su vida había dado un giro