El teléfono de Valeria vibró sobre la mesita de noche. Eran las tres de la madrugada y la pantalla iluminó brevemente la habitación en penumbra. Aleksandr dormía a su lado, su respiración profunda y regular contrastaba con el repentino sobresalto que ella sintió al leer el mensaje.
"Sé dónde estás. Sé lo que llevas dentro. Ninguno de los dos estará a salvo."
Valeria contuvo la respiración. Era el tercer mensaje en una semana. Sin remitente, sin número visible. Como si surgieran de la nada, como