El sol se ocultaba tras los edificios cuando Valeria salió de la clínica. Había sido un día agotador, pero satisfactorio. Las náuseas matutinas habían disminuido y el doctor le aseguró que todo marchaba perfectamente con su embarazo. Acarició su vientre, que apenas comenzaba a mostrar una sutil curva, mientras esperaba que el chofer que Aleksandr había asignado para ella apareciera.
Miró su reloj. Andre llevaba quince minutos de retraso, algo inusual en él. Sacó su teléfono para llamarlo, pero a