El aire en la casa segura se había vuelto denso, cargado de tensión y miradas furtivas. Valeria lo notaba cada vez que salía de su habitación. Los guardias de Aleksandr, antes respetuosos pero profesionales, ahora susurraban entre ellos y callaban abruptamente cuando ella aparecía.
Algo estaba cambiando.
Habían pasado dos días desde que descubrió la verdadera identidad de Aleksandr, y aunque había decidido quedarse, la realidad de vivir con ese conocimiento era más pesada de lo que había anticip