Valeria nunca había sido del tipo de mujer que hurgaba en las pertenencias de otros. Respetaba la privacidad, los límites, los espacios personales. Pero esa tarde, mientras Aleksandr estaba en una reunión que se extendería hasta la noche, la curiosidad y el miedo se mezclaron en una combinación peligrosa.
Llevaba dieciséis semanas de embarazo. Dieciséis semanas viviendo en una burbuja de lujo y vigilancia. Dieciséis semanas con un hombre del que sabía muy poco, a pesar de llevar a su hijo.
Sabía