Mundo ficciónIniciar sesiónEl video en vivo mostraba a Dmitri jugando inocentemente en el jardín mientras hombres armados se acercaban desde el bosque, y Valeria supo en ese momento que no había elección posible que no destrozara su alma.
La tableta que Viktor sostenía entre sus dedos pálidos brillaba con una luz azulada que hacía que su sonrisa pareciera aún más cadavérica. En la pantalla, su hijo perseguía mariposas entre las flores que Irina había plantado esa primavera, ajeno a las sombras que se deslizaban entre los árboles con la precisión de depredadores acechando a su presa. Sofía dormía en su portabebés junto a la puerta trasera, su pequeño pecho subiendo y bajando con la inocencia de quien no conoce el peligro.
—Doce hombres —dijo Viktor con voz suave, casi paternal—. Todos entrenados por mí personalmente. Todos dispuestos a hacer lo que sea ne







