Mundo ficciónIniciar sesiónAleksandr abrió los ojos en el asiento trasero del vehículo en movimiento, el chaleco antibalas presionando dolorosamente sus costillas mientras Dimitri conducía a velocidad suicida por las calles de Berlín.
La ciudad pasaba en un borrón de luces y sombras. Cada respiración era un recordatorio de que seguía vivo, aunque Viktor Morozov creyera lo contrario. El dispositivo explosivo que había detonado en el complejo había sid







