Mundo ficciónIniciar sesiónEl frío de Siberia era un enemigo en sí mismo, mordiendo la piel expuesta y convirtiendo cada respiración en agujas de hielo que perforaban los pulmones.
Valeria descendió del avión privado sintiendo cómo el viento ártico atravesaba su abrigo térmico como si fuera papel. A su lado, Aleksandr ajustó el cuello de su chaqueta, sus ojos escaneando el horizonte blanco donde cielo y tierra se fundían en una sola masa de nieve. La base secreta no era más que una serie de estructuras prefabricadas medio enterradas en el permafrost, invisibles para cualquier satélite que pudiera estar observando.
—Bienvenidos a casa —dijo una voz grave en ruso.
Un hombre alto y de hombros anchos emergió de uno de los edificios, su rostro curtido por años de exposición a este clima despiadado. Llevaba una barba espesa cubierta de escarcha y una cicatriz que le cruzaba el oj







