Sia comenzó a entonar la balada del destierro plateado, una canción que hablaba del dolor de las madres que debieron entregar a sus hijos a las fosas comunes del palacio para salvar el residuo de su magia biológica. Su voz no poseía la potencia militar de los gritos de guerra de los Alfas, pero la vibración que generaba en el aire portaba una carga emocional tan cruda que las maderas del navío renegado comenzaron a liberar el calor acumulado durante la tormenta.
En el fondo del calabozo, el ces