La palabra de mando de Sia rebotó contra las paredes de piedra del salón de mármol con un impacto estridente. La energía del Alfa de Cristal, desatada desde la rabia pura de su conciencia, atravesó la penumbra que el clon herido intentaba inyectar en la mente del guerrero.
El Valerius del pasado se congeló a mitad de camino. La arrogancia pintada en sus rasgos se convirtió en una mueca de incredulidad cuando sus rodillas fallaron, al chocar contra el suelo de mármol pulido con un golpe seco que