El silencio denso y pesado cayó de golpe en el túnel. La figura de Caspian permaneció erguida junto al humo negro que se retorcía en el suelo, limpiando con tranquilidad la hoja de hueso pulido contra el puño de su túnica de pieles. La luz blanca que brotaba del vientre de Sia iluminó el rostro del recién llegado, marcando la frialdad de sus pómulos y la sonrisa amarga que se le dibujaba en la boca.
Valerius aprisionó el granito del piso con los dedos, obligando a su torso a elevarse unos centí