39. Lo más precioso que he tenido nunca
Lentamente salió de su cuerpo y ambos gimieron por la pérdida.
Él trató de mantener la calma y se levantó dándole una mirada a la herida vendada apretando la mandíbula.
No había podido controlarse y la había vuelto a tomar a pesar de que estaba herida, de pronto se sintió como un animal primitivo y estúpido,
—Levántate —pidió al fin con voz suave tendiéndole la mano.
Zoe apoyó la suya en la de él y con su ayuda se puso de pie en la bañera con las piernas temblorosas, el agua resbaló por su cuerp