14. ¿Decepcionado?

El sol apenas asoma entre las montañas cuando Eryx había bajado al campo de entrenamiento, su pecho desnudo marcado de cicatrices, los puños envueltos en vendas, el ceño fruncido. Golpeó a uno de los machos con los que entrenaba como si fuera una promesa de castigo, como si pudiera sacar de su piel esa sensación maldita, que esa Omega le dejaba cada vez que la veía cerca.

Eryx no estaba entrenando, estaba desquitando su rabia. Su torso desnudo brillaba bajo el sudor, los músculos tensos como si
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