Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire fuera de Athrek-harn estaba cargado de una quietud densa. No era paz. Era la calma entre dos pulsos de cataclismo. Las ruinas ardían en la distancia, no con fuego, sino con los recuerdos que Rhea ahora llevaba tatuados en la espalda, cada runa una historia, cada espiral un eco de lo que fue.
Kael no hablaba. La había ayudado a caminar en silencio, con el brazo firme bajo sus hombros, como si temiera que el peso de







