Al fin tengo a mi hija en mis brazos, no es de la manera que me hubiera gustado, pero al menos está aquí. El tener que hacerla dormir, no ha sido de mi agrado, me gustaría que estuviera despierta y me contara cómo está siendo su corta vida. Se ve tan tranquila dormida, me pregunto si lo es realmente o es un torbellino igual que su madre o si le teme a los aviones al igual que ella.
—Señor, estamos por despegar —me avisa uno de mis custodios.
Acomodo a Aye en el asiento continuo y le coloco el c