—Dije que no iba a tocarte por tiempo indefinido —le recuerdo, separándome de él. Con mucho esfuerzo, debo reconocer.
—Y yo dije que iba a ser yo quien te tocara —Me vuelve a llevar junto a su cuerpo, pegándome a él sin dejar que haya un centímetro de espacio entre nosotros—. Te deseo, ángel.
Enreda sus dedos en mi pelo, tirando con suavidad de mi cabeza hacia atrás para abrirse lugar a mi cuello, lo besa, pasa su lengua, luego sus dientes rastrillando mi piel y dando suaves mordiscos; sin pode