Llegamos al hotel, me quité las botas de un rápido movimiento y me lanzo sobre el sofá doble, desplomándome; al lado mío se tira Sole, con una estúpida sonrisa dibujada en su cara.
—Me agrada Alex —suelta, como quien no quiere la cosa.
—Pensé que te gustaba Erik —entono; en este momento era mejor pasar por estúpida que por inteligente.
—Sí, me gusta Erik y me agrada Alex —enfatiza, mirándome de reojo.
—Ok —me limito a decir. Ya sabía a dónde iba, y no sé si quería escucharla.
—Te gusta Alex —me