ARIA
El amanecer se filtraba en la habitación con un resplandor dorado y suave. Estaba en la mansión de los Malishev, en la habitación de Nikolai.
Lo primero que sentí fue su calor.
Su brazo pesado sobre mi cintura, su respiración pausada y profunda contra mi cuello. No solía verlo dormir.
Casi siempre era yo quien despertaba con su mirada fija en mí. Pero esta vez, era diferente.
Me quedé inmóvil unos segundos, escuchando el compás de su respiración. Me giré con cuidado, queriendo verlo.