ARIA HATZIS
—¡Nikolai! —me quejo entre risas, pero él ya está sobre mí, atrapando mis labios con los suyos.
—No prometo nada para la próxima vez —susurra contra mi boca.
Y por la forma en que me besa, sé que realmente no lo hará.
Cuando finalmente logramos vestirnos—después de que Nikolai intentara convencerme de quedarnos en la cama con argumentos poco decentes—bajamos a la cocina tomados de la mano.
Mi madre está sentada en la mesa con una taza de café en las manos, hojeando una revista