Isabel entró a la “cálida” mansión, esa, la mayor parte de su vida había sido su casa, no obstante, desde que su padre había descubierto lo de su otra hija, se volvió el último lugar en la tierra al cual le gustaría acercarse. De no ser porque su madre estaba ahí, aferrándose a ese hombre que al parecer ni siquiera la amaba, ella no volvería ni por accidente.
Suspiro profundamente, y sonrió al ver que se acercaba.
—Hola mamá.
La mujer obviamente podía discernir entre un saludo sincero de su