Las pocas admiradoras que John, ya había conseguido involuntariamente, se sonrojaron y se conmovieron aún más. Y la multitud de trabajadores que habían escuchado los gritos de Mariano y conocían perfectamente la situación, comenzaron a asentir en acuerdo con él.
Los murmullos comenzaron a irritar a Mariano, pero lo que lo molestó aún más, fue la actitud de Isabel. ¿Había necesidad de hacer un espectáculo de ese tipo? ¡Por supuesto que no! Tenía unas ganas inmensas de partirle la cara a John y