Los días pasaron y mientras John estaba en el trabajo había ocasiones en las que escuchaba ruido en la perta de la casa, no obstante, cuando saía ya no había nada, tal vez una chica limpiando o el mayordomo que regaba las flores de la entrada, el tiempo pasó muy tranquilo, tanto, que fue extraño.
Al calmarse y sentirse un poco más segura y después de pensar todo fríamente, Isabel con una sonrisa fue a ver a John a su despacho.
—¿Podrías hacerme un favor John? —él, bastante intuitivo y esperan