꧁ ISABEL ꧂
La mesa: roble macizo, cubiertos alineados, vapor suave escapando del puré trufado, el filete sangrando lo justo bajo la luz de las lámparas. Alejandro ya comía. Masticaba con calma, como si el mundo obedeciera el ritmo de sus mandíbulas. Yo no había probado bocado. Tenía el estómago del revés, el corazón en el cuello y un cuchillo de mantequilla sujetado con fuerza con mi mano derecha.
«Te odio, Alejandro. Te odio con todo mi ser».
El pensamiento me golpeó tan fuerte que por un segun