Leyó el contenido del sobre por décima vez, pero esta vez no era solo la incredulidad lo que le golpeaba. Las palabras, que antes parecían un eco lejano, tomaban ahora una forma mucho más concreta. Isabel lo había demandado. En una corte estadounidense. Y los cargos eran graves.
La magnitud de lo que estaba enfrentando comenzó a asentarse en su mente, como si las palabras cobraran vida propia, tomando una forma sólida, pesada, casi como un peso físico. Pero lo que realmente lo había descolocado