La noche cayó sobre la mansión con una solemnidad inusual. Abajo, en el despacho, podía escuchar el murmullo bajo de Marcello, que seguía en una interminable videoconferencia con Frank y Alba, repasando una y otra vez la lista de posibles contactos de la verdadera Emma. Yo me había retirado, agotada por la tensión y la vigilancia constante.
Pasé por mi habitación, pero el silencio allí era demasiado ruidoso. La crisis de la verdadera madre había expuesto la brutal fragilidad de toda mi existenc