Dos años. Dos años desde que la verdad se pronunció en el salón principal, desde la firma en el despacho, y desde que el apellido Greco se convirtió legalmente en el mío. La vida que yo había robado por un contrato se había transformado en la vida que me había ganado con el corazón.
La mansión Greco, que alguna vez fue un mausoleo de silencio y mentiras, vibraba ahora con una calidez genuina. Marcello y yo nos casamos seis meses después de la confesión, en una ceremonia íntima y sin la presenci