Maelik soltó una risa corta, seca, que apenas disimulaba la chispa que acababa de prenderse en su interior. Ese beta insolente había tenido los cojones de mirarlo a la cara y pedirle que borrara una noche que él recordaba con cada fibra de su cuerpo. No sabe porqué demonios un beta a movido tanto en su interior en solo una maldita noche. Pero es el jefe no puede someter a un empleado o aprovecharse de el si no tiene la autorización por escrito.
—Ven conmigo. —Ordenó sin esperar respuesta.
Raven