C108: Esto no ha terminado.
La celda no tenía puerta visible, ni cerrojos. Era un cuarto sumergido en piedra viva, húmeda, con paredes tan lisas y oscuras que confundían el límite entre lo real y lo alucinatorio. Cuando Ronan fue empujado hacia ese abismo, sus pies descalzos tocaron un suelo frío como la muerte misma.
La celda de las sombras no recibía luz ni sonido alguno del mundo exterior. No había faroles, ni grietas, ni el más mínimo eco. Todo lo que existía era la oscuridad y la conciencia punzante de uno mismo. En