El edificio de la Fiscalía se alzaba imponente frente a Mariana, como una fortaleza de cristal y acero que amenazaba con engullirla. Respiró hondo antes de subir los escalones, sintiendo el peso de cada paso. Su abogado, un hombre de mediana edad con expresión severa, caminaba a su lado repasando los puntos clave de su declaración.
—Recuerde, señora De la Vega, solo responda lo que le pregunten. No elabore, no especule.
Mariana asintió mecánicamente. Hacía tres días que había recibido la citaci