El periódico cayó sobre la mesa de cristal con un golpe seco que resonó en todo el despacho. Mariana levantó la vista de su computadora, sobresaltada. Alejandro estaba de pie frente a ella, con el rostro contraído en una máscara de furia que jamás le había visto.
—¿Me puedes explicar esto? —Su voz era un látigo de hielo.
Mariana miró la portada del periódico sensacionalista. Su corazón se detuvo. Allí estaba ella, saliendo del Hotel Miralago, con un hombre cuyo rostro quedaba parcialmente ocult