El regreso a la ciudad trajo consigo un aire distinto. Como si el oxígeno de la playa hubiera sido reemplazado por una atmósfera densa y cargada de expectativas. Mariana lo notó desde el primer día en la oficina: Alejandro había vuelto a ser el hombre de acero, pero con una nueva capa de rigidez que antes no existía.
—Necesito los informes de Mendoza para las tres —le dijo sin mirarla, revisando documentos en su tablet—. Y cancela mi almuerzo con Rivero. Prefiero comer aquí.
—¿Aquí? —preguntó e