Anna apenas podía avanzar, arrastrando la maleta con una mano mientras sostenía a Lucas con la otra. El peso de su hijo parecía duplicarse con cada paso, pero la desesperación le daba fuerzas para seguir adelante. Su corazón latía con una furia desbocada mientras veía la puerta de cristal abrirse lentamente ante ella.
Al otro lado, dos guardias robustos y musculosos bloquearon su camino. Sus figuras imponentes parecían insuperables, como una barrera imposible de traspasar. Anna sintió el pánico