La tarde en el parque de diversiones era perfecta. El sol brillaba sin ser sofocante, y una suave brisa acariciaba los rostros de Anna, Mikhail y su hijo Lucas mientras caminaban de atracción en atracción.
Lucas, con una energía interminable, había decidido que los carritos chocones eran la siguiente parada en su lista de "cosas que hacer" antes de terminar el día.
—¡Vamos, papá! ¡Te voy a ganar! —exclamó Lucas emocionado, corriendo hacia los carritos chocones mientras Mikhail lo seguía, riend