Caleb levantó una mano y trazó la línea de mi mandíbula con el pulgar. El toque fue suave, contrastando violentamente con la intensidad de la conversación.
—Alquilarás donde quieras, Alexandra —concedió él, bajando el rostro hasta que su aliento chocó contra mi frente—. Construye tu imperio desde cero si eso alimenta tu orgullo. Pero yo apruebo personalmente al equipo de seguridad de tu nuevo edificio. Y si Vance se acerca a menos de cien metros de ti, lo destruyo. ¿Entendido?
Tragué saliva, si